Libro de sociología interesante que podéis descargaros en: http://es.scribd.com/doc/100960781/Alumnos-Gitanos-en-la-Escuela-Paya?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitterAlumnos Gitanos en la Escuela Paya
Fundación General de la Universidad Complutense).
Los capítulos que forman este trabajo tratan diversos aspectos de la problemática de la escolarización de los gitanos. Los tres que abren el texto se centran en las relaciones generales entre el sistema educativo y las esferas del trabajo, la política y la familia. De cara a la primera corresponden a la escuela funciones de cualificación, socialización y asignación; de cara a la segunda se le atribuyen cometidos como contribuir a formar la identidad y la cultura nacionales y lograr la adhesión al régimen político; en relación con la tercera, en fin, se espera de la escuela que se ocupe de la custodia de la infancia, sobre la base de relaciones generacionales jerárquicas, y es un escenario más de las relaciones de género. Lo que estos tres capítulos cuestionan es si una institución que ha sido modelada para el desempeño de estas funciones en un mundo payo, es decir, para el trabajo payo, la organización política del pueblo payo y la sustitución de funciones de la familia paya, puede, y en qué grado, acoger sin graves fricciones al alumnado gitano.
Los dos capítulos siguientes, cuarto y quinto, están dedicados respectivamente a las relaciones entre payos y gitanos en un ámbito más inmediato, el de la comunidad local, y a los mecanismos cotidianos de reproducción de la etnicidad; o sea, de las identidades, las fronteras y las relaciones étnicas. En ellos se presta especial atención a las consecuencias de la itinerancia para las relaciones con una sociedad sedentaria, el papel de los grupos intermedios entre la sociedad global y el individuo, la dinámica reactiva del conflicto étnico, la relación entre cultura y adscripción étnicas y el papel de la tensión en el mantenimiento de las identidades grupales.
A continuación, los capítulos sexto y séptimo se ocupan de los factores que, en el período más reciente, han precipitado la tensión entre payos y gitanos, particularmente en la escuela, y de la fenomenología más obvia de la situación actual en ésta. El sexto se detiene en la pugna por el espacio urbano, la avalancha de alumnos caída sobre los centros públicos a partir de la supresión de las escuelas-puente y las políticas de realojamiento y de garantía de unos ingresos mínimos de integración, la crisis del equipamiento y los servicios públicos y la agudización del problema del tráfico de drogas. El séptimo lo hace en los problemas de higiene, orden y disciplina, falta de motivación, disparidad de niveles, etc. que son ahora preocupaciones comunes en la mayoría de los centros con nuevos alumnos gitanos.
Los dos capítulos que siguen, octavo y noveno, están dedicados a la vivencia y la visión de la nueva situación creada por parte, respectivamente, del personal payo de la institución escolar y de su público gitano. El primero de ellos trata sucesivamente del profesorado en general, los nuevos segmentos de éste que comienzan a especializarse en los gitanos, los trabajadores sociales como agente externo pero próximo y la pugna entre estos distintos grupos profesionales. El segundo lo hace de la dureza de la experiencia de rechazo por la que se ve abocado a pasar el nuevo alumnado, la presencia permanente del etiquetado étnico, su frecuente relegación en las aulas y la relación entre la institución y sus familias.
Por último, en el capítulo final se discuten las líneas principales de las sucesivas políticas educativas que se han puesto en pie de cara al pueblo gitano: desatención, segregación, igualitarismo formal, educación compensatoria e integración, así como la nueva complejidad a que conduce el necesario reconocimiento de que no se trata simplemente de un agregado de individuos con problemas escolares, sino de un grupo con una identidad y una cultura propias.
Los capítulos que forman este trabajo tratan diversos aspectos de la problemática de la escolarización de los gitanos. Los tres que abren el texto se centran en las relaciones generales entre el sistema educativo y las esferas del trabajo, la política y la familia. De cara a la primera corresponden a la escuela funciones de cualificación, socialización y asignación; de cara a la segunda se le atribuyen cometidos como contribuir a formar la identidad y la cultura nacionales y lograr la adhesión al régimen político; en relación con la tercera, en fin, se espera de la escuela que se ocupe de la custodia de la infancia, sobre la base de relaciones generacionales jerárquicas, y es un escenario más de las relaciones de género. Lo que estos tres capítulos cuestionan es si una institución que ha sido modelada para el desempeño de estas funciones en un mundo payo, es decir, para el trabajo payo, la organización política del pueblo payo y la sustitución de funciones de la familia paya, puede, y en qué grado, acoger sin graves fricciones al alumnado gitano.
Los dos capítulos siguientes, cuarto y quinto, están dedicados respectivamente a las relaciones entre payos y gitanos en un ámbito más inmediato, el de la comunidad local, y a los mecanismos cotidianos de reproducción de la etnicidad; o sea, de las identidades, las fronteras y las relaciones étnicas. En ellos se presta especial atención a las consecuencias de la itinerancia para las relaciones con una sociedad sedentaria, el papel de los grupos intermedios entre la sociedad global y el individuo, la dinámica reactiva del conflicto étnico, la relación entre cultura y adscripción étnicas y el papel de la tensión en el mantenimiento de las identidades grupales.
A continuación, los capítulos sexto y séptimo se ocupan de los factores que, en el período más reciente, han precipitado la tensión entre payos y gitanos, particularmente en la escuela, y de la fenomenología más obvia de la situación actual en ésta. El sexto se detiene en la pugna por el espacio urbano, la avalancha de alumnos caída sobre los centros públicos a partir de la supresión de las escuelas-puente y las políticas de realojamiento y de garantía de unos ingresos mínimos de integración, la crisis del equipamiento y los servicios públicos y la agudización del problema del tráfico de drogas. El séptimo lo hace en los problemas de higiene, orden y disciplina, falta de motivación, disparidad de niveles, etc. que son ahora preocupaciones comunes en la mayoría de los centros con nuevos alumnos gitanos.
Los dos capítulos que siguen, octavo y noveno, están dedicados a la vivencia y la visión de la nueva situación creada por parte, respectivamente, del personal payo de la institución escolar y de su público gitano. El primero de ellos trata sucesivamente del profesorado en general, los nuevos segmentos de éste que comienzan a especializarse en los gitanos, los trabajadores sociales como agente externo pero próximo y la pugna entre estos distintos grupos profesionales. El segundo lo hace de la dureza de la experiencia de rechazo por la que se ve abocado a pasar el nuevo alumnado, la presencia permanente del etiquetado étnico, su frecuente relegación en las aulas y la relación entre la institución y sus familias.
Por último, en el capítulo final se discuten las líneas principales de las sucesivas políticas educativas que se han puesto en pie de cara al pueblo gitano: desatención, segregación, igualitarismo formal, educación compensatoria e integración, así como la nueva complejidad a que conduce el necesario reconocimiento de que no se trata simplemente de un agregado de individuos con problemas escolares, sino de un grupo con una identidad y una cultura propias.
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